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Yo también estoy indignada

Yo también estoy indignada

Es imposible sustraerse a lo que está pasando en España en estos días. Es difícil, cuanto menos, no hacer mención a las múltiples concentraciones de jóvenes que se producen a diario y de forma continuada en muchas ciudades de nuestro país.

Hemos tragado carretas y carretones con los políticos que nos ha tocado padecer. Los que están en el poder y los que aspiran al mismo, y casi todos hemos mirado hacia otro lado conformándonos con un falso e idílico estado del bienestar, cuando este enjambre de zánganos, apoltronados en sus escaños, no han sido capaces de ponerse de acuerdo para atajar una crisis provocada por los mercados financieros.

¿Qué ha pasado entonces?  ¿La primavera ha llegado más tarde y por eso nuestro letargo ha sido más largo? No lo sé, pero bienvenida sea.

Mi indignación ahora mismo es doble.   Tanto los políticos como los medios de comunicación están perdidos tratando de catalogar y encasillar este movimiento. Pero ¿aún no se han enterado…? Ha surgido de manera espontánea y se ha extendido como un virus gracias a las redes sociales. L@s indignad@s tratan de evitar  que sus protestas  sean capitalizadas por algún partido político. Algunos medios de comunicación y periodistas de la derecha más cavernícola pretenden asociar este movimiento ciudadano con los grupos anti-sistema, con ETA, en fin… una sarta de tonterías propias de los Australopithecus afarensis del subgénero Abecesor, Razonensis e Intereconomithecus, entre otros…

Para más “inri” la Junta Electoral Central  estima que las concentraciones en jornada de reflexión y en el día de las elecciones son contrarias a la legislación electoral. Remedando a Pilatos, la JEC  se lava las manos y deja a criterio de cada junta electoral provincial prohibirlas o no. Ya se verá en qué acaba todo esto.

¡Que no! No se enteran… y si se enteran se hacen los “suecos” y mantienen en listas a políticos imputados en causas por corrupción.  La gente quiere vivir decentemente, hacer valer todo aquello que la Constitución reconoce como derecho de los ciudadanos y ciudadanas de este país, un trabajo, una vivienda,  educación y sanidad. Derechos que una gran cantidad de ciudadanos ven vulnerados cada día que pasa sin poder trabajar, cada día que un banco ejecuta el embargo de una vivienda por impago, cada día que millones de jubilados y pensionistas sobreviven con unas pensiones ridículas y congeladas. ¿Qué tendríamos qué hacer? ¿Denunciar ante el Tribunal Constitucional la desafección que tiene el Estado para con sus ciudadanos?

Mucho se ha hablado en estos días sobre el sistema capitalista y su obsolescencia ¿Existe otro sistema que sea más justo? Seguro que sí, pero probablemente para llegar a él deberemos renunciar al interés propio por el interés común, renovar nuestras conciencias y nuestra escala de valores, sólo así podremos acometer el tránsito a un sistema que garantice la dignidad del ser humano.

 

V. Sánchez

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